En los últimos treinta años ha aumentado enormemente nuestra comprensión respecto a cómo ciertos micronutrientes influyen en el rendimiento visual y pueden mejorar la salud de la retina. Sin duda, los efectos más fuertes se han atribuido a los carotenoides xantófilos, siendo estos: luteína, zeaxantina y mesozeaxantina.¹ Dichos nutrientes son cruciales para el rendimiento visual y la protección de la retina por tres razones: 1) presentan excepcional actividad antioxidantes y, a su vez, poseen una potente actividad antiinflamatoria; 2) se depositan selectivamente en la retina macular, más que cualquier otro nutriente en el cuerpo humano, formando el “pigmento macular”2 (Imagen 1); y 3) debido a su elevada concentración y pigmentación amarilla, el pigmento macular absorbe una significativa cantidad de luz de onda corta y alta energía (color azul), la cual, de otro modo, oxidaría las membranas fotorreceptoras ricas en lípidos de la fóvea.
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